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la escuela mata el pensamiento creativo

La escuela mata el pensamiento creativo

¿Sabes qué es la creatividad? ¿Por qué los niños son más creativos que los adultos? ¿Cómo se fomenta eso de ser más creativo? El pensamiento creativo es un área de la psicología humana muy interesante. Los últimos descubrimientos demuestran que el sistema educativo actual obstaculiza la creatividad. En este artículo descubrirás por qué.

Qué es la creatividad y por qué la educación actual la mata

La educación actual enseña una profesión y conocimientos básicos de muchas materias.

Pero mientras se sigue el camino marcado por el sistema educativo, se aprende también otra cosa: a obedecer.

De pequeños tenemos algo que vamos perdiendo con la edad: La creatividad.

La creatividad es la capacidad de inventar y crear. De hacer algo nuevo o de una forma distinta.

Gracias a la creatividad, los niños tienen preguntas sobre cualquier cosa, tocan y se echan a la boca todo lo que se les cruza por delante y hacen lo que les apetece sin pensar en qué efecto tendrá. No tienen los prejuicios, sesgos y miedos adquiridos que nos limitan tanto a los adultos.

A los niños les sobra creatividad, pero todo cambia cuando comienzan la escuela:

  • Forma filas
  • Levanta la mano para hablar
  • Pide permiso para ir al aseo
  • Lo correcto es lo que pone el libro
  • Obedece al profesor

En definitiva, se castiga todo lo que no sea estar sentados en silencio y atendiendo. Esa rutina provoca que olvidemos nuestra naturaleza creativa y curiosa.

Hay un trastorno en psicología llamado TDAH (Trastorno por déficit de atención e hiperactividad) que se considera una enfermedad, pero si se piensa un poco, es algo totalmente normal: un niño que no quiere quedarse sentado ni atender charlas aburridas de gente mayor.

Al cabo de unos años de adoctrinamiento educativo, cuando el profesor pregunta si tienen alguna duda, los niños que antes eran tan curiosos y preguntones, ahora se quedan en silencio.

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Seguir instrucciones sólo sirve para ser un empleado obediente

La habilidad para seguir instrucciones sólo nos convierte en empleados obedientes. Nada más. No tiene ninguna otra utilidad, pero es lo que mejor aprendemos con la educación actual.

Todo esto ocurre porque el sistema educativo actual surge en la época industrial, cuando se necesitaban personas formadas, pero que pudieran “intercambiarse” fácilmente para no romper la cadena de montaje de las fábricas.

Ahora ya no estamos en la época industrial, aunque todavía nos educan como si así fuera.

Este es el motivo por el que aprendemos que hay que tener un trabajo “estable” como empleado. Nuestros padres y profesores, que vienen de vivir en esa época, creen que es la mejor opción para vivir.

¿No piensan que con un simple “estás despedido” de un jefe toda la estabilidad y seguridad se van al garete?

Un trabajo estable es una fuente de ingresos que puede desaparecer más fácil de lo que parece. Lo peor, es que todos los ingresos de una familia suelen depender de ésa misma única fuente.

Esto es muy peligroso y muy poco sensato. Lo sensato, en la actualidad, no es tener un trabajo estable sino tener muchas fuentes de ingresos.

¿Por qué depender de una sola fuente de ingresos cuando puedes tener varias?

Puede que en este momento estés pensando esto: “Me cuesta ya mantener un trabajo, como para mantener varios”.

Si piensas así, es que sigues estando en la época industrial.

Cuando hablo de muchas fuentes de ingresos, no me refiero a que consigas varios empleos. Eso sería un suicidio. Hablo de los modelos de negocios que han tenido un boom en la época actual y que ofrecen unas posibilidades ilimitadas. Me refiero a los negocios escalables y pasivos.

¿Qué es un negocio escalable y pasivo?

Un negocio escalable y pasivo es aquél que puede multiplicar sus ingresos, sin tener que multiplicar los gastos de producción ni el tiempo de elaboración.

Un ejemplo de negocio NO escalable ni pasivo es ser panadero: si para vender 20 barras de pan, necesitas comprar 10 kilos de harina y dedicar 2 horas de tiempo, para vender 1.000 barras de pan, necesitarás 500 kilos de harina y 100 horas de tiempo. Sigue una progresión lineal.

Un ejemplo de negocio escalable y pasivo es ser escritor: para vender 1 copia de un libro necesitas 1000 horas de tiempo, pero si el libro tiene éxito y vendes 10.000 libros, no necesitarás dedicar más horas a escribir que las que ya dedicaste. Sigue una progresión exponencial.

¿Pero sabes cuál es la principal dificultad para crear un negocio escalable y pasivo? Que requiere grandes dosis de creatividad.

¡Sorpresa! Ahora toca joderse y empezar a abrir la mente que se nos cerró tras 18 años de educación formal orientada a seguir instrucciones. Porque seguir órdenes no te dará ingresos escalables y pasivos.

Hace unos años, cuando empecé a adentrarme en este tipo de negocios, notaba cómo mi mente se resistía a pensar: lo primero que hacía era buscar tutoriales, guías, consejos… NECESITABA que alguien me dijera cómo hacer las cosas, paso a paso.

Estaba ansiando seguir las órdenes e instrucciones de alguien. Poco tardé en darme cuenta de que ese método no sirve para esto.

Cómo fomentar tu pensamiento creativo

Para poder volver a abrir mi mente a la creatividad, tuve que retomar el método que todos los niños usan del “prueba-error”.

Lo malo de ese método es que tienes que equivocarte. Y la educación actual ha enseñado que equivocarse es malo: se castiga equivocarse en las tareas, se repite el examen si se suspende, los compañeros se ríen de los que se equivocan, etc.

Tenemos miedo al fracaso, a equivocarnos. Miedo a hacer algo que no valga para nada, que no lleve a ninguna parte. Pero la realidad es que si no nos equivocamos, no aprendemos. Cada error es una lección sobre cómo no hacer algo.

“Un experto es una persona que ha cometido todos los errores que se pueden cometer en un campo muy estrecho.”

– Niels Bohr

¿Verías un tutorial en Youtube para aprender a montar en bici? (Que los hay, y con más visitas de las que me esperaba). Espero que no. Cogerías la bici e irías a un sitio despejado y sin cuestas y lo intentarías una y otra vez. Pues no busques tampoco guías para hacer otras cosas.

Ésa es mi propuesta. Para fomentar el pensamiento creativo no mires cómo lo han hecho otros: 

  • Si quieres escribir una novela, no busques “cómo escribir” en Google. Escribe.
  • Si no sabes cómo hacer una vídeo-llamada con el móvil no pidas ayuda a tu sobrino. Toca los botones a ver qué hacen.
  • Si quieres aprender a dibujar, no mires un vídeo-tutorial. Dibuja.
  • Si quieres tocar la guitarra, no acudas a un tutorial con los primeros 5 pasos para tocar la guitarra. Sólo cógela y experimenta con ella en tus manos.

Puede que tardes más en aprender, pero lo harás de una forma única. Habrás construido tu propio estilo y habrás utilizado y entrenado tu creatividad.

Una vez que ya tengas tu estilo propio, serás capaz de ver cómo lo hacen otros y aprender de ellos, adquiriendo sólo aquello que complemente tu forma de hacer las cosas.

El cuento de la flor roja con el tallo verde

Hay un famoso cuento que me gustó mucho y que da un buen ejemplo de todo esto:

Un niño pequeño acaba de empezar la escuela. Un día, la profesora dijo:

– “Hoy vamos a dibujar.”

– “¡Qué bien!” – Pensó el niño. A él le gustaba mucho dibujar: sabía hacer leones, trenes, aviones y casas. Había dibujado mucho en casa. Sacó sus lápices y empezó a dibujar.

Pero la profesora dijo:

– “Esperen, todavía no he dicho qué hay que dibujar. Hoy vamos a dibujar flores.”

– “¡Genial!” – Pensó de nuevo el niño. Le gustaba mucho dibujar cosas llenas de colores como las flores. Sacó sus colores y empezó a dibujar flores.

Pero la profesora dijo:

– “Esperen, yo les enseñaré cómo.” – Y empezó a dibujar en la pizarra una flor roja con el tallo verde.

A él le gustaban más las flores amarillas, pero no dijo nada y empezó a dibujar lo que decía la profesora: una flor roja con el tallo verde.

Otro día, cuando el niño entraba a clase, la profesora dijo:

– “Hoy vamos a hacer algo con barro.”

– “¡Qué bien!” – Pensó el niño, le gustaba mancharse las manos y hacer personas, camiones y animales con barro.

Pero la profesora dijo:

– “Esperen, todavía no he dicho qué hay que construir. Hoy vamos a hacer un plato.”

– “¡Genial!” – Pensó de nuevo el niño. Y empezó a estirar su bola de barro.

Pero la profesora dijo:

– “Esperen, yo les enseñaré cómo.” – Y empezó a dibujar en la pizarra la forma de un plato plano y redondo.

Él quería hacer un plato de otra forma, pero no dijo nada y empezó a hacer lo que la profesora dijo.

Poco a poco, el niño aprendió a esperar a ver qué tocaba hacer cada día y también a esperar a ver cómo lo hacía la profesora.

Un día, la familia del niño se mudó de casa y el pequeño empezó a ir a otra escuela. En su primer día de clase, la profesora dijo:

– “Hoy vamos a dibujar”.

– ¡Qué bien!” – Pensó el niño, y esperó a que la profesora dijera qué hacer.

Pero la profesora no dijo nada, sólo caminaba por la clase. Cuando llegó hasta el niño, ella dijo:

– “¿Por qué no dibujas nada?”

– “Porque todavía no sé qué hay que dibujar hoy”.

– “Dibuja lo que más te apetezca”. – Respondió la profesora.

– “¿De verdad? ¿Lo que yo quiera?”

– “Sí, dibuja lo que quieras.”

– “¿Y de cualquier color?”

– “De cualquier color.” – dijo por último la profesora. -“Si todos dibujamos lo mismo y con los mismos colores, ¿cómo voy a saber cuál es cuál y quién lo hizo?”

– “No sé.” – contestó el niño, y empezó a dibujar una flor roja con el tallo verde.

*****

Mientras escribía este artículo, no paraba de recordar este impresionante y mítico videoclip de Pink Floyd, que representa a la perfección la idea de que la escuela mata la creatividad:

Y también te dejo la charla TED más vista de la historia: “¿Las escuelas matan la creatividad?”:

Psicólogo, escritor y conferenciante. Busco otro punto de vista para el mundo. Conóceme mejor pinchando aquí.

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1 Comentario


  1. FERMIN FLORES HERNANDEZ

    21 octubre, 2017 at 12:09 am

    Alguna vez leí k es más fácil engañar a la gente k hacerle ver k está siendo engañada. La realidad es triste, ¿ Será imposible cambiarla ?

    Responder

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