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Pareja tóxica: Una vivencia personal

¿Tienes una pareja tóxica? ¿Quieres saber cómo superar una relación de pareja muy dañina? ¿Qué señales indican que tienes una pareja tóxica? Una invitada muy especial, Delia, nos cuenta su experiencia en este artículo. Sin más presentaciones, aquí os dejo con sus palabras, llenas de sentido y experiencia.

Superando a una pareja tóxica

En los últimos años se ha puesto cada vez más de moda el término “tóxico” para designar todo aquello que nos causa daño físico o emocional. No sé si este término es el idóneo o no, pero lo que sí sé, y lo digo por propia experiencia, es que hay personas que nos amargan la existencia y junto a las que nunca vamos a poder ser felices por más que lo intentemos.

Sabemos que podemos encontrar este tipo de personalidades en todos los ámbitos de nuestra vida, pero yo me quiero referir a las que conviven más cerca de nosotros, esas que a duras penas podemos evitar y no queda más remedio que soportarlas. Y digo soportarlas por no decir sufrirlas o padecerlas, que también.

Cuando alguien de tu entorno más cercano tiene un comportamiento tóxico, la vida puede llegar a convertirse en un infierno de discusiones, malos rollos, caras largas, chantaje emocional… que harán que tu vida no transcurra con tranquilidad, hasta el punto de llegar a arrastrarte a una depresión.

Por acotar, me voy a referir a las parejas, que comparten lo más íntimo de nuestra vida, y es donde las personalidades tóxicas afloran en toda su inmensidad.

Una persona con un comportamiento o una actitud hiriente, en especial si es una que comparte casi todas las parcelas de tu vida, puede desgastarte hasta límites en los que ya no te reconoces, en los que llegas a perder los papeles como nunca antes lo habías hecho.

Poco a poco la tranquilidad se aleja de tu vida y es sustituida por un estado de ansiedad, de tensión y de malestar que raras veces te abandona.

Tu voz interior te avisa continuamente de que algo no está bien, que esa senda en la que te mueves no es la adecuada, que debes hacer algo. Y es que debes hacer algo, porque nada va a cambiar, excepto cuando esa persona misma vea que se ha pasado de la raya y quiera volver a tranquilizar tu corazón, pero no durará mucho. Lo justo para que vuelvas a confiar y te hagas ilusiones.

Pero ¿cómo actúan estas personas dañinas?

La autora Lillian Glass estableció en su libro Hombres Tóxicos varios perfiles de tóxicos que se encargarían de amargarnos la vida si se lo permitimos.

Yo no quiero clasificar perfiles sino comportamientos con los que ciertas personas nos agreden y nos lastiman.

Voy a destacar modos de actuar que, a la vista de las personas mentalmente sanas, nos resultan incomprensibles, en especial si tenemos una personalidad tolerante o bondadosa.

No estoy diciendo que seamos débiles, sino que nos cuesta reaccionar bajo determinadas circunstancias, como puede ser bajo el influjo del enamoramiento o por la presión de mantener unida a la familia y evitar un divorcio.

Sea bajo la circunstancia que sea, y después de una dura experiencia vital, no hay nada en el mundo que justifique que tiremos nuestro bienestar y nuestra vida por la borda por alguien que continuamente nos lastima y nos falta al respeto.

No hemos venido al mundo para eso, y no creo que nadie desee esa vida de dolor absurdo para su hijo o hija. Si no lo querríamos para ellos, ¿por qué para nosotras sí?

Patrones de comportamiento repetitivos en parejas tóxicas

Este tipo de pareja tóxica tiene unos patrones de comportamiento repetitivos:

Se enfada por cualquier cosa, por pequeña que sea. Simplemente, porque le da por ahí. Y acabas envuelta en una discusión que te amarga el día entero, por cosas tan nimias como que se derramó un vaso de agua encima de la mesa o porque tardas cinco minutos más de la cuenta en elegir la ropa que te vas a poner.

Suspira, echa la mirada al cielo, hace gestos de negación con la cabeza, pone cara de que le han dado la peor noticia del mundo… y no sabrás por qué. No es por nada, simplemente quiere herirte, hacer que te sientas mal, arruinarte el día. Tal vez le has dicho algo que no le ha gustado y a lo cual tú no le has dado importancia, o le has rebatido algo que ha dicho y no le ha sentado bien. Las posibilidades son infinitas, ya que basta cualquier pequeñez para hacerte caer una lágrima y llevarte un disgusto.

No tiene remordimiento alguno en castigarte con silencios, ausencias, desapariciones o plantones porque has hecho o dicho algo que no le ha gustado. Es un comportamiento extraordinariamente dañino, pues fustiga con el abandono y/o la indiferencia para hacerte saber qué consecuencias tendrás que pagar cada vez que algo le desagrade. Incluso si te ve feliz porque vas a reencontrarte con una vieja amiga o acudes a una comida de antiguos alumnos del instituto, intentará deslucirte el día (y lo logrará), ya que no soporta que tú estés feliz y él amargado y solo. Alguien que te ama y te respeta, jamás te haría pasar por algo así.

Se ofende con extremada facilidad. Es el típico caso en el que una persona que se permite el lujo de tratar a los demás de una forma miserable, se ofende a la mínima. Este tipo de individuos son capaces de echarte en cara las mismas actitudes que ellos mismos tienen multiplicadas por mil. Pero si él es el verdugo, entonces tienes que tolerarlo, según su visión cínica e incoherente.

Es un agresivo verbal. Gritón, vocinglero, le oirás soltarte las palabras más hirientes que puedas imaginarte. Utilizará información que le hayas dado en confianza para atacarte y lastimarte, ya sea sobre ti misma o sobre otra persona de tu entorno. Es conveniente no confiarle nada que mañana pueda utilizar en tu contra. Es tremendamente desgastante lidiar con un ser que tiene esta actitud de forma constante, por asuntos de ínfima trascendencia. No importa si estás en casa o en la calle o en un restaurante, pierde las formas y te avergüenza en cualquier lugar o situación. Y, antes de que te des cuenta, estarás comportándote del mismo modo. Intenta mantener la calma, aunque suponga un esfuerzo titánico.

El mundo entero tiene la culpa de sus problemas. Muchos de estos sujetos no tienen el empuje necesario para obtener lo mejor de la vida, ya que no cuentan con las herramientas sociales ni emocionales necesarias para moverse en sociedad. Suelen ser personas rechazadas; mejor dicho, suelen ser personas que con su actitud provocan rechazo en los demás. Y esto le sirve como excusa para no encontrar un trabajo, para no prosperar, para no hacer. Una de sus frases preferidas sería del tipo “con lo que yo he hecho por los demás y mira cómo me pagan”. Se victimiza. Él es una persona extraordinaria y el resto somos unos traidores y unos hipócritas.

Son capaces de negarte algo que sabes con certeza. Si no atiendes a sus demandas, cambiarán su actitud con el fin de que te sientas mal. Es evidente que no te va a pedir nada de forma directa, sino a través de insinuaciones y victimismo, del tipo “no soporto este dolor de muelas, a ver si pido dinero a mis padres”, “ojalá tuviera dinero para poder ir al dentista”. Es evidente que te sentirás presionada y acabarás prestándole tú el dinero bajo promesas de que te lo devolverá cuanto antes. No será así si puede evitarlo, naturalmente. En cuanto haya conseguido lo que quiere, se mostrará cariñoso y encantado de haberte conocido. Pero si no lo consigue… prepárate.

Es envidioso. Nunca se alegrará por tus logros. Nunca, aunque así lo finja. Y lo notarás. Verás cómo se ensombrece su mirada o cómo le cambia el gesto cuando te muestres feliz por un logro personal o profesional. Este tipo de personas rara vez consiguen algo en la vida, pues, como decía antes, no son asertivos ni inspiran confianza en los demás. Tienen un grado de toxicidad tan alto y un carácter tan inestable que no son capaces de lograr un éxito. Por supuesto, la culpa siempre será de los demás. Cuando alguien consigue algo, suele desvalorizar el logro con insinuaciones abiertas del tipo “seguro que es amigo del director”, “a alguien conocerá”, “como a mí no me ayuda nadie pues no tengo esa oportunidad”… En fin, que te hará sentir miserable también a ti. Hasta acabarás sintiéndote culpable de su mediocridad y te preguntarás si no estás haciendo por él todo lo que puedes. No lo pienses si quiera, y mucho menos te culpabilices. Sólo te está manipulando para ocultar su propio fracaso y su propia incapacidad. Envidia los éxitos de los demás, pero no es capaz de luchar por conseguir algo, dejándose llevar por las circunstancias. Es su responsabilidad, no la tuya.

No conecta con tus familiares ni amigos. La típica pregunta de una persona de tu confianza será: “¿pero qué le ves?”. Saben que no eres feliz, lo notan porque te conocen bien; además, siempre hará o dirá algo que provoque extrañeza o rechazo en los demás y así te lo harán saber, si realmente te aprecian. Esta clase de individuos son inseguros y, como saben que obran mal y que su comportamiento contigo es absolutamente tóxico y mezquino, no será de su agrado que compartas con personas de tu entorno. Intuye que te dirán la verdad e intentarán abrirte los ojos, y eso no le conviene.

Es como el doctor liendre, que de todo sabe y de nada entiende. Cree que tiene conocimientos de cualquier tema, y así actuará, ante tu pasmo y vergüenza, provocando hostilidad en los demás. Evidentemente, en cuanto le contraargumenten algo, se encerrará en sí mismo y no pronunciará una palabra más, tomando una actitud silenciosa e incómoda para todos los presentes. Si eres tú misma quien le rebate, se irá enfureciendo progresivamente hasta llegar a faltarte el respeto con perlas como: “si eres tan lista, yo no sé por qué no eres ministra”, o “ya sé que yo soy idiota y tú muy lista”, y un largo etcétera de comentarios inadecuados y ofensivos.

Actúa de forma egoísta y cobarde. Piensa en sus necesidades por encima de las tuyas, incluso de las de ambos, ofreciendo mucho de palabra y poco de acción. Tendrás la esperanza de que cambie, de que haga algo, pero solo perderás tu tiempo y tu ilusión. Perderás tu vida, en definitiva.

Consecuencias físicas y psicológicas

Enrolarse en una relación con una pareja tóxica sólo traerá infelicidad a tu vida. Tendrás la esperanza de que se trate sólo una mala etapa, de una mala racha. Puede que en algún caso sea así, pero desde luego, no es la norma.

Me dolía enormemente recordar a la persona que un día fui. Miraba mi imagen en el espejo y sólo veía a una mujer de mirada triste, de tez apagada, de sonrisa forzada, de corazón y alma inquietos. Mi interior me gritaba y me alertaba, me forzaba a reaccionar. Pero no reaccioné durante mucho tiempo. Años esperando un cambio. Pero ese cambio no llegaba.

A veces mejoraba, haciéndome la pobre ilusión de que algún día todo podría ser diferente, pero cuando se ha acumulado tanto daño en el corazón, un daño evitable, un daño absurdo, un daño fruto de un abuso emocional atroz, el poso es demasiado grande.

Y así, en este círculo vicioso, puedes estar girando y girando hasta que decidas tomar una decisión que te permita recuperar la alegría de vivir y la tranquilidad que tanto mereces y tanto necesitas. Sabes de sobra que esta no es manera de vivir.

Tienes que aprender a aceptar que existen diferentes tipos de personalidades y, por desgracia, has caído en las garras de una relación insana, en la que la persona con quien ansiabas tener una vida colmada de cosas bonitas, no está a la altura de lo que esperabas.

En mi caso, me costó muchas lágrimas y mucho tiempo reunir la fuerza necesaria para decir basta.

Me costó varios meses de acudir a un profesional y de tomar medicación para la ansiedad y la depresión.

Varios años de mi vida en los que gozaba de buena salud (tanto los míos como yo misma), tenía un buen trabajo, una familia y unos amigos que me querían, expectativas profesionales… en fin, lo tenía todo, y los tiré por la borda derramando lágrimas y padeciendo un infierno por no ponerme en mi sitio y decir NO a semejantes abusos.

No fui capaz de disfrutar de ninguna de las cosas maravillosas que me estaba ofreciendo la vida, ya que un ser hiriente y dañino me rompía el corazón continuamente, trayendo a mis días desdicha y tristeza sin recompensa de ningún tipo.

¿Qué hacer con una pareja tóxica?

Es evidente que cuando le reproches su comportamiento, cuando le confieses que su forma de actuar te hace daño, procurará echarte la culpa, invertir la situación. A sus ojos eres muy exigente, protestas por todo, le provocas, te dirá que ya sabes cómo es, y un sinfín de excusas con las que minimizar su comportamiento anormal.

¿Se puede actuar como que no te afecta, permanecer impasible? Digamos que se puede intentar. Asumes que es un tipo de persona de carácter difícil, pero que en el fondo te ama.

Intentas no replicar y haces como si no te importara el comentario ofensivo que te está lanzando o la cara que está luciendo. Pero cuanto más lo ignoras, más insiste en su comportamiento y más hiriente y ofensivo se vuelve, hasta que consigue lo que busca: hacerte saltar, que pierdas los papeles, hacerte sentir miserable, para después reprocharte tu comportamiento histérico.

Con el tiempo, vas dejando de querer. Poquito a poco. Y te vas rebelando. Poquito a poco también. Y vas perdiendo el miedo a perder a esa persona. Una vez más, poquito a poco.

Hasta que un día descubres que ya es imposible llorar y sufrir más, que estás harta y aburrida de tanto comportamiento absurdo, de tantas heridas, de tanto abuso.

Estás harta de llorar por tonterías, de vivir angustiada porque hoy te habla y mañana no.

Has llegado al límite y se hace insoportable ser el blanco de un castigo porque algo no ha sentado bien, un castigo que te infligen adrede, para agredirte y hacerte sentir mal.

Dejas de tolerar los gritos y las palabras hirientes, pronunciadas con el único afán de hacer daño, cuanto más daño mejor.

Sientes asco por ti misma cuando, una vez más, pretende consolarte de manera condescendiente, asegurando que esa situación a él también le duele mucho, y que habría que dejar de discutir.

“¡Pero qué estás diciendo!” grita tu interior, “¡eres tú quien tiene que dejar de discutir!”, “¡Eres tú quien está haciendo esto, no yo!” Ya has pillado su juego.

Ya es imposible que te manipule. Ha perdido el poder sobre ti. Ya no le amas. Ahora sólo le desprecias.

Si has agotado todas las vías, si ya te ha llevado a la depresión, si has aguantado lo que no se debe aguantar, es hora de decir HASTA AQUÍ. No ha cambiado. Ni cambiará.

Es hora de hacer de tu existencia algo mejor, para ti y para tu familia. No permitas que te siga lastimando, que te siga haciendo daño sólo para que él se sienta valioso.

Busca ayuda, apóyate en tus seres queridos. No toleres ningún tipo de ataque contra tu persona. Quítale el poder que tiene sobre ti. Quiérete a ti misma lo suficiente como para decir BASTA.

¿Y qué ocurre después?

¡Se asombra! Ahora resulta que eres tú la que lo abandonas, la que le dejas tirado en un rincón sin ningún miramiento.

Él, que te quiere tanto, por encima de todo lo que existe sobre la faz de la tierra, es injustamente sacrificado por una mujer a la que le ha dado todo.

Por supuesto, asegura que ha aparecido una tercera persona en tu vida, pues no puede haber otra explicación a semejante afrenta.

No esperes que reconozca sus culpas, pues actúa así de manera natural. Su forma de ser no prima el buen trato ni los detalles, sino todo lo contrario. No verá en sus actuaciones un motivo de abandono, y será a sus ojos la víctima de una injusticia.

Y así se lo hará saber a las personas de su entorno que aún le crean. Serás la mala de la película, pero ¿sabes?, que diga lo que quiera, que piense lo que quiera, que cavile lo que quiera. Ya no es tu problema.

En mi caso, tuve la suerte de no haber formado una familia con él, a pesar de llevar varios años juntos. Ahora veo que fue la mayor suerte que pude tener.

No guardes rencor, no merece la pena. Ya bastante lotería ganaste al librarte de una vida así, de una persona que se comporta de esa manera contigo. No lo mereces, ni te merece.

Tampoco sientas lástima por él. Esa persona no tuvo ninguna lástima ni ningún reparo en herirte sin contemplaciones, de forma cruel y egoísta. No merece ni tus lágrimas ni tu bondad. Guárdalas para alguien que realmente valga la pena. Aunque, como decía García Márquez, “Nadie merece tus lágrimas y, quien las merezca, no te hará llorar”.

Y, poco a poco, la luz regresará y el corazón empezará a sanar, a dejar de doler. Recobrarás las energías y las ganas de hacer cosas. Sentirás vitalidad y no sólo ganas de llorar tumbada en la cama o en el sofá.

Yo estoy dispuesta a ayudarte, pues sé muy bien qué se necesita poder contar, poder hablar, poder ser escuchada.

Inicia el camino de la sanación, prepárate, hasta que te encuentres lo bastante fuerte como para defenderte de tanta agresión emocional.

Ese momento llegará y, cuando llegue, vendrá acompañado de una nueva vida.

La Autora

Mi nombre es Delia. Soy filóloga inglesa y trabajo como docente, mi vocación. Me encanta escribir, lo que se ha convertido en una gran afición para mí.

Psicólogo y escritor. Busco otro punto de vista para el mundo. Conóceme mejor pinchando aquí.

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