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victimismo y psicología

Victimismo: el arte de echarle la culpa a otros

Se sienten el centro de todas las ofensas. Se creen atacados por todo. Se quejan, lloran y son egoístas. El victimismo es una forma irresponsable de enfrentar la vida, que se extiende entre muchas de las personalidades tóxicas. Descubre la psicología detrás de la persona que se hace la víctima en este artículo.

La personalidad victimista

El victimismo es una estrategia para calmar la ira y la frustración. Las personas victimistas temen sentirse enfadados. Pero como es inevitable encontrarse con esta emoción en el día a día, cuando ocurre, la desvían y la proyectan en los demás.

Con esto consiguen no responsabilizarse de lo que sienten, desviando la responsabilidad hacia los demás. Es más fácil sentirse atacado, agredido u ofendido, que reconocer que puedes controlar cómo te hacen sentir los demás.

Los demás se vuelven agresores, y ellos víctimas de sus propias emociones.

Victimas de su propia forma de ver las cosas

Esta forma de interpretar las cosas distorsiona la realidad. La persona victimista crea una versión de la realidad en la que los demás le atacan. Llega a distorsionar, por ejemplo, el lenguaje no verbal de los demás. Ven malas caras, gestos de desprecio o tonos de voz agresivos donde no las hay.

Con esta estrategia, consiguen transformar la ira en miedo. La ira que hubieran sentido ante una situación frustrante o estresante se convierte en algo que sí saben manejar: el miedo ante el ataque de los demás.

Una de las creencias irracionales con las que una persona victimista suele juzgar el mundo es “El mundo debe ser justo”. Entonces, cuando ocurren injusticias se sienten sobrepasados. No se sienten capaces de soportar su visión sesgada de la realidad y no han desarrollado las habilidades que les permiten hacer frente a la frustración y al enfado.

Crianza victimista

¿Has visto la siguiente situación alguna vez? Un niño se golpea con una mesa y comienza a llorar. Su madre, en un intento de aplacar el llanto de su hijo, coge a su niño en brazos, se acerca a la mesa y dice: “¡Mesa mala, mesa mala!”

¿Hay algo más victimista que esto? Una mesa, un objeto inmóvil e inerte, se convierte en el agresor, en el culpable del dolor del niño.

¿Qué va a aprender este niño? Pues aprenderá a encontrar culpables. Porque su dolor, el daño de haberse equivocado o haber tenido un accidente fortuito ya no será responsabilidad suya. Sino de los demás o de su entorno.

Esta educación crea personas con miedo. Temen a los demás porque pueden dañarlos, temen al entorno porque es peligroso. Y si ocurre algo que les hace sentirse mal, no serán capaces de soportarlo y preferirán refugiarse en el miedo, vertiendo la culpa de lo que ocurre a todo, menos a ellos mismos.

Y esto es muy grave. Una persona victimista es como un barco a la deriva. Está expuesto al oleaje, al viento y a cualquier vicisitud del entorno. No tienen un timón para dirigir el barco, tampoco disponen de velas con las que dirigir el viento. Viven a expensas de que el mundo les trate bien.

El problema es que el mundo no es un lugar perfecto y sin contratiempos. La vida debe ser peleada y enfrentada, o te derrotará, dejándote sin poder salir de la cama con una depresión y un vacío interior tremendos.

Frases con las que victimizarse

“Siempre soy yo el culpable, ¿verdad?”

“Todo me pasa a mi”

“Me tratas muy mal / Me tratas como si fuera basura”

“Pero si yo no he hecho nada” (con el extra opcional: “Eres un exagerado/a”)

Si te han interesado las frases: en este artículo tienes más frases de personalidades tóxicas.

4 Claves y características de la persona que se hace la víctima

  1. Una persona victimista tiene una autoestima tóxica. Su concepción de sí misma es negativa y depende de lo que opinen los demás. Necesitan la lástima y compasión de los demás, llaman la atención, o utilizan estos sentimientos para obtener lo que quieren.
  2. Son egocéntricos. Tienden a creer que todo lo que ocurre está relacionado con ellos. Si pones mala porque llevas un mal día, la víctima creerá que tienes esa cara por algo relacionado con ella.
  3. Son vulnerables. Se ofenden con facilidad o lloran si les hablas mal. Si durante una discusión se sienten atacados (cosa que ocurrirá casi con toda probabilidad), centrarán la discusión en lo mal que les has tratado, desviando la atención del tema que se estuviera tratando.
  4. Son ansiosos. Al no poder autogestionarse, deben controlar su entorno para no verse afectados. Esta necesidad de control provoca que sean personas nerviosas, preocupadas por todo, incluso paranoicas.
  5. Se enfadan porque otros se enfadan. Imagina que una persona victimista te ha hecho algo que no te ha gustado. Entonces tú te enfadas con ella y se lo comentas. De repente verás cómo la discusión ha cambiado, y ahora es ella la víctima de la situación y tú la persona iracunda y agresiva que se molesta por tonterías.

Cómo dejar de caer en el victimismo

Hay formas de superar la visión victimista. Enfrentar las creencias negativas que te surgen es la mejor forma, aunque requiere grandes dosis de autoconocimiento y reflexión sobre las propias conductas y los propios pensamientos.

El cambio debe estar enfocado en la pasividad ante las propias emociones y sentimientos, así como el desarrollo de herramientas que le permitan afrontar el estrés, el enfado y la ansiedad.

1. Identifica tus creencias

El primer paso es identificar los pensamientos automáticos con los que interpretan el mundo. Para esto hay que preguntarse el “Por qué” de cada cosa que se hace, se siente o se piensa.

Poco a poco, si eres sincero/a contigo mismo/a, podrás ahondar en aquellas creencias con las que interpretas el mundo y que te hacen auto-juzgarte como víctima.

2. Separa los hechos de las opiniones

Es esencial identificar los hechos y separarlos de las opiniones. Para esto es muy útil preguntarse: “¿Otra persona vería las cosas tal y como yo las estoy viendo?” Si la respuesta es negativa, debes buscar más y llegar a algo que no pueda ser interpretado por nadie de una forma distinta.

3. Aprende a identificar y gestionar tus propias emociones

¿Sabes reconocer cuándo te sientes ofendido/a? ¿Podrías notar cuándo empiezas a sentirte vulnerable? ¿Y cuándo tienes algo de miedo? Conocer estas reacciones se convierte en un piloto de emergencia que te avisará cada vez que tengas que reflexionar sobre lo que está ocurriendo. Así podrás adoptar comportamientos distintos a los que siempre has tenido.

4. Establece conductas, emociones y pensamientos alternativos

Si ya sabes qué creencias tienes que te hacen victimizarte, y eres capaz de reconocer qué emociones estás sintiendo en cada momento, ahora toca crear alternativas.

Si hasta ahora te has enfadado cuando alguien te ha recriminado algo, ahora puedes proponerte que vas a controlarte y escuchar lo que te dicen intentando ser empático/a.

Si te sientes ofendido/a, en lugar de sentirte mal o sentirte atacado/a, respira hondo y piensa que tú no tienes por qué sentirte de ninguna forma en especial por lo que otros piensen.

Estas alternativas tienes que pensarlas tú. Deben ser adecuadas para tu situación particular, y debes comprometerte a actuar de forma distinta la próxima vez que ocurra algo similar.

Llevará tiempo, pero poco a poco, las conductas, emociones y pensamientos alternativos se harán un hueco en tu forma de pensar, cambiando así tus conductas victimistas por otras más adecuadas que te harán sentir mucho mejor.

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Las personas que se hacen las víctimas necesitan que el mundo les trate bien. Cuando se encuentra dificultades tiran balones fuera. Por desgracia, eso les hace vivir la vida con muchas decepciones y con demasiado sufrimiento. En cuanto empiezan a tomar las riendas de sus vidas, el cambio es notable, tanto por ellos como por las personas que las conocen.

francisco shepherd

Psicólogo y escritor. Busco otro punto de vista para el mundo. Conóceme mejor pinchando aquí.

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